¿Estética o didáctica?

“Ponelo lindo” suele ser una demanda habitual que recibimos los diseñadores gráficos desde algunos clientes de las áreas de formación.

Al escuchar esta forma de solicitar nuestra intervención, podemos limitarnos a “ponerlo lindo”, cosa que por supuesto podemos hacer o preguntarnos qué más podemos hacer para contribuir al proceso de aprendizaje en cuestión y realmente aportar valor desde nuestra especialidad.

Vivimos en una época en la que parece que todo debe ser visto, lo podemos contar o explicar muy bien, pero lo importante es VER. Aparentemente “lo visual” supera otros registros de nuestras experiencias. ¿Quién no fue a un bar o restaurante y se encontró rodeado de gente que antes de comer o beber, fotografía el plato, la cerveza o el café? Estamos en el teatro y vemos como se generan las famosas “selfies” con el escenario vacío de fondo y en muchos casos se comparten inmediatamente a través de las redes sociales, ¿qué se quiere comunicar?: “miren dónde estoy”, “la obra está por comenzar” “feliz por lo que voy a vivir” y un sinfín más de mensajes ocultos detrás de la imagen.

Las imágenes forman parte de nuestra vida cotidiana, cada vez más. Algunas veces son sobrevaloradas, como si pudieran transmitirlo todo, y otras tantas, subvaluadas: “puro dibujito, cero contenido”.

Lo cierto es que la imagen es una herramienta muy poderosa, no puede explicarlo todo, pero muchas veces “una imagen vale más que mil palabras”.

En la capacitación, no se están abandonando las estrategias o recursos tradicionales, pero sí debemos aceptar que las imágenes son protagonistas de los códigos de comunicación de este siglo  y debemos adaptarnos a ello.

Todos estamos de acuerdo en que los recursos diseñados para el aprendizaje deben despertar el interés del que aprende y compartir su código de comunicación. El lenguaje visual, conjunto de palabras, imágenes y formas, sin lugar a dudas forma parte del código actual de comunicación y es clave que quienes pretendemos desarrollar aprendizajes, hagamos uso del mismo.

El diseño didáctico debe aprovechar el papel de la imagen como portadora de contenidos:

  • Desde su rol protagónico (gráficos, fotografías, videos, animaciones, etc.) que permiten desarrollar per se aprendizajes individuales o colectivos.
  • Desde una función de ayuda o guía metodológica como los iconos, los distintos niveles tipográficos, etc.
  • Como generador de identificación y sentido de pertenencia organizacional.

El desafío es traspasar los límites de lo estético o decorativo y generar una imagen capaz de ser parte de la estrategia didáctica que contribuya al proceso de enseñanza y aprendizaje.

La imagen didáctica llegó para quedarse.

Quienes facilitan procesos de aprendizaje en organizaciones deben valerse de todos los recursos metodológicos disponibles que permitan una comunicación significativa con quien aprende.

En este proceso de construcción conjunta entre diseñadores didácticos y diseñadores gráficos,  parecería que no se cumple la frase “la imagen no es nada”. La imagen es y puede ser mucho más, si a la hora de pensar en aprendizaje,  pensamos qué nos ofrece el diseño gráfico para hacer de las experiencias de aprendizaje de las personas en situación de trabajo, eventos cada vez más significativos y productivos.

Cada vez que nos digan que “lo pongamos lindo”, asumamos el desafío de hacer de una linda imagen, una imagen al servicio del aprendizaje.

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